Los “NAZA”
Por John Carrillo
El documental de Yuval Abraham y Rachel Szor (2026) investiga las operaciones militares en contra de los ciudadanos gazatíes, llevadas a cabo por el ejército israelí. En la actualidad esta pieza audiovisual se hace necesaria, no solo porque sirve como ventana al genocidio cometido hacia la población palestina; sino porque además nos revela cómo estas labores fueron realizadas con coordinación de una IA.
Los testimonios de estas personas, quienes participaron en estas operaciones, revelan la manera cómo los objetivos eran buscados para ser asesinados o bombardeados. Esto militares cuentan en un tono directo los pormenores de cómo la IA intervenía en estos procesos, y cómo muchas veces les ayudaba a elegir a las personas y las zonas sobre las que recaerían estas acciones armadas. Precisamente, “NAZA” era el nombre con el que estos militares nombraban a los inocentes que morían después de sus operativos. Todos los relatos de estas personas se hacen en las azoteas de los edificios Tel Aviv. Mientras estos militares aparecen bajo la sombra, y son mostrados de una manera difusa (esto con el fin de proteger sus identidades), vemos la cotidianidad nocturna de los habitantes de la ciudad. Dentro de esas luces prendidas, en los rectángulos de los edificios se asoman personas que cenan tranquilamente frente al televisor, o lavan sus platos en la cocina, o doblan su ropa frente a la secadora. Resulta paradójico observar tanta comodidad y tranquilidad de estas gentes, con las voces de los militares de fondo; relatando tan crudamente lo que hacían con los palestinos. Esto resulta aún más chocante, al pensar que las personas que viven tan despreocupadamente dentro de estos edificios se encuentran geográficamente cercanas a Gaza, una ciudad que fue completamente arrasada por estos operativos militares. Este contraste nos lleva a pensar en cómo la actual nación de Israel fundamenta el establecimiento de su territorio y el bienestar de su sociedad, a costa de la limpieza étnica y cultural del pueblo palestino. La actual Israel erige su territorio en suelo que alguna vez perteneció a Palestina. Como Estado su desarrollo a lo largo de 78 años de ocupación parece tener un costo muy alto, un precio que se cobra a expensas de la segregación, de los bombardeos, y la muerte de millones de palestinos. Mientras en el documental, desde una azotea cualquiera de Tel Aviv, un militar israelí puede hablar tan tranquilamente de los horrores cometidos contra Gaza; muy cerca de allí, hay gente que duerme en carpas al lado de los escombros, pasando hambre y frio. El documental en sí cuenta con pocas estrategias narrativas, y toda su fuerza recae en los testimonios de estos militares. Por momentos resulta agobiante y tedioso escuchar sus confesiones, pero ante la monotonía que por largo rato tiene “NAZA” hay que bien abrir los ojos y escuchar atentamente, pues sus relatos son fundamentales para enterarnos sobre cómo hoy en día los instrumentos de guerra alcanzan umbrales tecnológicos muy altos, y también cómo sus herramientas se hacen mucho más eficaces e inhumanas. Al final del documental, por fin tenemos un respiro ante la repetición de los planos de los edificios de Tel Aviv y de los militares envueltos en sombra. Y es allí cuando de repente parecemos salir de esa noche larga, y vemos a un avión militar que cruza el cielo azul, bombardeando una vez más a la ciudad de Gaza; su vuelo deja una fila de muertos atrapados dentro de los escombros.